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Tranquilo, Milllennial

Subí una foto y tuvo quince likes, ahora mi retrato se sostiene por un frágil hilo antes de caer en el olvido cibernético. En la era tecnológica, la simultaneidad virtual-real puede ser fascinante pero es, en última instancia, una relación de poder.
Tranquilo, Milllennial

En épocas de selfies, no es inusual sentirse abrumado por el constante bombardeo de imágenes autorreferenciales, postales gastronómicas obscenas y GIFs animados. Si, puede parecer casi epiléptico absorber toda esa información apareciendo y desapareciendo como por arte de Houdini, pero la realidad es que los millennials hemos aprendido a convivir con la era tecnológica como si fuese una extensión de nuestras facultades físicas y mentales.
Una tarde de domingo promedio, una pareja disfruta de una marquise doble de chocolate y una taza de café para cada parte, los tenedores tintinean. Suena el whatsapp de ella, es su jefa pidiéndole que trabaje horas extras el lunes. El chequea los mails y compra un jean a mitad de precio en una tienda online. Tiene 5 solicitudes de amistad y mensaje privado de un compañero de la secundaria buscando reconectarse o pedirle información acerca de un monoambiente en el barrio en donde habita la pareja. Se miran, la conversación imita un chat cibernético, un intercambio de monosílabos y emojis personificados. ¿Cuantos mundos habitamos al mismo tiempo, cuantos chats se entrecruzan en ese cubículo de una confitería en Palermo Viejo?
Es que la dependencia tecnológica no es casual ni mera adicción viciosa, es fundamentalmente, una relación social. Desde el momento en que abrimos un perfil con nuestro álter ego sonriendo (o no), nos exponemos a un safari tecno-biopolítico en donde triunfa el cyborg mas poderoso. Un "me gusta" es un guiño de aceptación, dos tics paralelos y azules, la nueva versión dantesca de los nueve círculos del infierno. El dolor del visto no es mas que el equivalente simbólico de ser ignorado, excluido de la gran comunidad que nos une como un collage de un paciente psiquiátrico.
El silencio de la pantalla negra puede ser ensordecedor y hasta un gran desafió desentrenar los dedos para chequear el dispositivo cada treinta segundos. Pero, esta dependencia tecno es ante todo, tangible y fantasmagórica porque traspasa la virtualidad para causarnos hernias y esclavizarnos con confites de colores para el corazón. Digamos que, te deja plantada en el altar, lo mínimo que vas a hacer es bloquearlo y denunciarlo como spam. Pero tranquilo millennial, ser desterrado del juego de la virtualidad, en el mas trágico de los casos, es la invitación a disfrutar del mundo real.

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  • SantiagoDelSel SantiagoDelSel 3 Ago. 2017 10:06

    Muy real la escena que describiste del café. Ni hablemos del viaje en colectivo jajajajaja

  • Sofia Sofia 2 Ago. 2017 15:11

    Muchas veces trato de desconectarme del "mundo cibernético", pero es verdad que es complicado! Como dice @shaka esta muy buena la reflexión.

  • HiluMarquez HiluMarquez 2 Ago. 2017 15:44 responde a Sofia

    @Sofia, tomo como aspecto positivo de la era tecnológica que podamos conectar nuestros textos y sacar provecho de los comentarios de colegas. Saludos y gracias por leer!

  • shaka shaka 2 Ago. 2017 12:08

    La temática millenials me tiene los huevos por el sopi, pero buena reflexión, me cabió el revoleo terminológico.

  • HiluMarquez HiluMarquez 2 Ago. 2017 15:09 responde a shaka

    Hola @shaka, la idea era aportar un poco de perspectiva generacional a un tema tan recurrente. Espero deslumbrarte con la próxima elección temática, no, es joda, te agradezco mucho tu aporte. Saludos!